¿Fusión? ¿Y en pleno corazón de la capital oaxaqueña? Sólo un restaurante cuyo nombre predica tenacidad y entereza podría salir bien librado de este acto cercano al sacrilegio.
Temple nació en 2003 y sus cinco años de vida confirman claramente que sí es posible experimentar con productos regionales -imanes exóticos para el paladar de hordas de turistas que invaden la ciudad-. para atraer hasta los oriundos más orgullosos, esos que tienen la "Canción mixteca" bien clavada en el corazón, siempre reticientes a mezclar otros ingredientes dentro de los sabores que reconocen como propios.
Así, enclavado en la calle de García Vigil, a casi una cuadra del mimísimo ex Convento de Santo Domingo, el restaurante de sobria fachada y paredes de ladrillo, alberga una cava internacional muy decente que marida perfectamente con las diversas delicias de la carta que prepara el chef Antonio Cuellar -quien actualiza el menú cada seis meses-. Así que, tlayudas, tasajo y mole aparte. Temple invita a cualquier paseante, turista o local, a atreverse a pronunciar -con gran sabor de boca- la palabra fusión.